Los primeros pasos de la “nueva normalidad” y el balance realizado desde distintos rubros

Es por demás sabido que el mundo se encuentra hoy trabajando de una manera muy distinta a la que se estilaba antes de la pandemia. Los protocolos de seguridad e higiene que rigen en todas las actividades comerciales, y de diversa índole, deben respetarse y, todo aquél que no lo haga, sufrirá las correspondientes consecuencias, de apercibimientos a clausuras.

Esta situación de “nueva normalidad” ha traído aparejado un perjuicio económico notorio en la mayoría de los rubros, pero, por otro lado, ha servido para organizar mucho mejor el desarrollo de distintas actividades ya que, por ejemplo, el trabajo repartido por turnos, ha evitado no sólo las aglomeraciones en los respectivos locales sino también ha generado cierto alivio en la manera de trabajar: Ya no se espera tanto para ser atendidos y, en muchos casos, el llamado “tiempo muerto” dejó de existir.

En este marco, La Opinión tomó contacto con representantes de diferentes actividades de la ciudad para conocer cuál es su visión al respecto. La consulta fue precisa: “¿Tiene algún aspecto positivo esta nueva manera de trabajar?”. Las respuestas fueron las siguientes.

Más organizado

La instructora local Marcela Arricau se desempeña en el gimnasio local Barbas Fitness. Ella contó de qué manera ha repercutido la “nueva normalidad” en su trabajo diario. “Desde el punto de vista organizativo, se trabaja mejor. Por ejemplo, en estos días voy al gimnasio a las 16.20 y hasta las 17 tengo tiempo de desinfectar todo el lugar luego del turno que culmina a las 16.30. A esta altura ya sé bien qué clientes van de 17 a 18, de 18.30 a 19.30 y de 20 a 21. Esa parte ya está organizada en una planilla y de la cual se encarga (el preparador físico) Néstor Vega (quien también trabaja en este mismo espacio)”, contó.

Arricau recordó que “antes, hasta marzo de este año, alguien interesado en sumarse al trabajo de gimnasio consultaba los horarios y se anotaba sin problemas. Se le hacía una planilla con los objetivos que tenía, si sufría alguna patología, si había un control médico a tener en cuenta y demás. Y ahora cambió todo. A mí me preguntan hoy si existe la posibilidad de ir en un determinado horario y ya no depende de mí, sino de si hay lugar o no. Porque por grupo no puede haber más de 10 personas”. “Antes, en el horario pico, había alrededor de 20 personas. Y una de estas personas hacía una actividad en un aparato, luego se iba a otro, estaban dos horas o una hora y media. Ahora cambió todo. Sabemos que van a estar una hora en la cual van a entrar como máximo diez personas que ya sabemos quiénes son y ya tienen su rutina armada”, señaló.

No obstante, la entrevistada contó que “en un principio costó mucho cuando se reabrió el gimnasio el 15 de junio porque hubo dificultades en cómo armar la rutina. Pero, en cuestión de organización, esta situación sirvió”.

Asimismo, Arricau comentó que “en cuanto al cliente, no se ha quejado nadie. Porque la gente va, se dirige a su box y ya tiene su rutina la cual se va variando en cada encuentro. Las tres primeras semanas fue prueba y error sobre cómo trabajar y armar todo. Pero luego se empezó a trabajar mejor”.

Cansador

La instructora consultada contó que, si bien desde el punto de vista organizativo el trabajo es más ordenado, la exigencia para quienes están a cargo del gimnasio es mucho mayor. “En lo que respecta a nuestro trabajo, es cansador porque hay que desinfectar todo. Antes a los clientes les decíamos que si retiraban mancuernas de un espacio, que las volvieran a dejar en ese lugar una vez utilizadas. Y ese mismo pedido era con todos los demás elementos. Y ahora es todo lo contrario. Hay que vigilar continuamente que la gente no haga eso porque cada elemento utilizado tiene que ser desinfectado: colchonetas, bicicletas, manubrios, asientos, absolutamente todo. Y entre turno y turno, tenemos media hora para desinfectar. Desde ese punto de vista es cansador, pero ya es parte de todo esto y debemos hacerlo”, resaltó.

Restaurantes

Respecto de la actividad en los restaurantes los cuales hoy trabajan viernes, sábados, domingos y feriados, siempre con reserva, el balance de esta “nueva normalidad” no ha sido nada positivo. “La verdad es que a nosotros no nos sirve”, comentó Gabriel Depari, titular del resto-bar Dublin. “La mayoría de la gente saca turno a última hora y no se puede organizar nada. De la misma manera, se da que, generalmente, todos quieren comer en el mismo horario y, como son pocos los lugares disponibles, se tienen pocos clientes. Porque antes teníamos una rotación de mesas que ahora no se da. Y si te llaman y no hay lugar, se van a otro lugar. No es que vuelven al otro día”, analizó.

El comerciante consultado contó que ni siquiera desde el punto de vista organizativo esta nueva manera de trabajar ha sido positiva. “Porque la gente que no tiene reserva, siempre anda buscando mesa a última hora. Por más que esté todo lleno, se bajan igual, preguntan y después se van. Además, nosotros tenemos sólo tres días para trabajar que son durante el fin de semana y por eso se amontonan los clientes en un solo horario. Y después ya no tenés más rotación, no tenés más gente. Así que, en resumidas cuentas, a nosotros no nos sirve”, dijo.

Por último, Depari expresó: “Si le queremos buscar algo bueno, podemos decir que, como única cosa, me voy a casa más temprano que antes. Eso sí, trabajo mucho menos y se factura mucho menos. Por estas razones digo que, en general, no le encuentro nada positivo a esta forma de trabajar”.

Peluquerías

En tanto, el peluquero Federico Molina dejó su opinión sobre cómo se encuentra trabajando en estos meses de pandemia, aislamiento y estrictos protocolos. En este marco, el joven informó que, a pesar de sentir, en alguna medida, un perjuicio económico, la atención por turnos (y ya no de cortar el pelo “a medida que van llegando”) le ha servido para organizarse mejor. “Con respecto al año pasado estoy trabajando en un 80% aproximadamente. Se nota en los niños y adultos mayores quienes ya no van con tanta frecuencia. En cuanto a la organización de mi trabajo, cambió todo para mejor. Personalmente trabajo más cómodo, más organizado y no existe el tiempo muerto. Ahora es todo más personalizado, prácticamente no hay encuentro entre cliente y cliente y yo tengo un regreso programado a casa. Esto último es, simplemente, la otra cara de la moneda”, resaltó.