Alicia Stolkiner: “La pandemia rompió la rutina donde teníamos acomodados malestares y felicidades”

Alicia Stolkiner es psicóloga, profesora titular de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y forma parte del comité de expertos que asesora al presidente Alberto Fernández. En diálogo con DIB, advirtió sobre los razonamientos de “negación del riesgo” que se evidencian en algunas personas, analizó a los movimientos anticuarentena como fenómenos que se dan en todas partes del mundo de modo “espontáneo”, pero que son “capitalizados políticamente”, y advirtió sobre la caída de las certezas y de las expectativas respecto al futuro. En el peor momento de la pandemia se observa un relajamiento preocupante en torno a las medidas de cuidado, ¿por qué cree que sucede esto?

Lo que se ve es una población que empieza a ejecutar determinados razonamientos que son como negaciones del riesgo en algunos casos y renegaciones en otros. Renegación es pensar que ‘esto no existe’ y además construir hipótesis explicativas al respecto. De todas maneras, creo que son sectores minoritarios, pero uno lo ve mucho en las redes sociales o en algunos medios de comunicación. Y uno lo observa en todo el mundo en realidad. Por poner un ejemplo: las movilizaciones anticuarentena en Berlín, en España también las marchas antibarbijo, o en Italia. Es un movimiento internacional que estimo que es espontáneo y tiene que ver con situaciones e imaginarios que se crean alrededor de las catástrofes y en parte está capitalizado políticamente.

¿Cómo cree que debería reestructurarse el mensaje del Gobierno para que la población vuelva a tomar consciencia?

Este es un trabajo interdisciplinario. Yo puedo pensar sobre las subjetividades de las personas, pero no soy una especialista en la construcción de los mensajes. Eso creo que requiere pensarse con especialistas en construcción de mensaje social, pero si a mí me lo preguntan hay que seguir insistiendo con una información clara y serena sobre el riesgo real, porque lo que llega a aturdir es la infodemia. En medio de toda esa ráfaga de información lo que habría que tratar de promover es un discurso más centrado en una evaluación real del riesgo, en medidas de cuidado que no sean únicamente quedarse permanentemente en el hogar. Hay que insistir en el lavado de manos y en el uso del barbijo, hay que darles una forma de incorporarlas a la vida, pero además promover una especie de cuidado horizontal entre las personas. Mucha gente se avergüenza o tiene temor de decirle al otro que tenga una medida de cuidado.

¿Las manifestaciones de malestar psíquico se incrementaron con el avance del aislamiento?

Sí, todos lo notamos. No necesariamente lo transformo en una categoría psicopatológica. Lo que uno percibe cualitativamente son niveles de sufrimiento y malestar aumentados a medida que se rompió la rutina donde ya teníamos acomodados malestares y felicidades. Tampoco digamos que lo que pasaba antes era todo felicidad, pero uno tiene acomodadas expectativas con respecto al futuro que se han caído. Ayer me preguntaban en otra entrevista cómo creo que vamos a estar dentro de años y contesté ‘futuróloga no soy’, pero después me quedé pensando porque fue una pregunta muy inteligente. Pensé en cómo estarían las personas que estuvieron en (los bombardeos atómicos de) Hiroshima y Nagasaki y que sobrevivieron; cómo fue esa generación, no lo tenemos analizado, pero tampoco fue una generación que pasó a la historia por enfermedades mentales, sino más bien para la recuperación de Japón.

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